Yo arropo los gemidos de tus sueños, acunando la pena y el beso menguado. Voy curando las noches de tiempo, de labios resecos sin voz, siempre de vos… pero sin remitente, ni eco.
Voy pactando con la sed, con el ahogo; Y pacto no, por convertirme en recuerdo, ¡Pacto por ser impulso hambriento! el placer en las venas, el inconciente naufragando, o el atrevido zarpazo de un pensamiento.
Lentamente dejo respirarme Palparme… Inhalarme por tu viento, Ser impecable amarillo, la luz extinguiendo el vacío la razón, la decisión perfecta; voy creciendo paso a paso. Y dejando florecer la idea, ¡tu idea! Me voy atando a tu aliento.
Porque no solo arropo los gemidos de tus sueños, también cohabito en el silencio, en el mismo delirio atribulado, en la no palabra, en el deseo y aquí… en este verso inacabado.
“El placer es el bien mas real de esta vida” Federico el grande
Recordando aquella máxima, cansados de vagar por las calles del olvido y agotando los peldaños de la mentira y el engaño, decidieron -sin palabras- regresar por su bien.
Así fueron dejando aquietar el tiempo, conviertiéndose en tierra y cielo.
Juráronse no volver a principios, para no correr el riesgo de encontrar un final…
Se entremezclaron más allá de sus cuerpos, apretados… agitativos y vibrarozados.
Permanecieron en la carcobeante elevancia Y entre etéreos rozamientos, lúbricos y rugifragantes, testamentaron las bases de un nuevo amor.
Se consagraron animales justificados, arrevezados entre amores de ventosas y pasiones de barquillos.
Fecundaron el placer como plagas se devoraron… Y en estimulaciones alborotosas, Se elevaron a otros mundos.
se codearon con las estrellas saludando a las monedas de sus días. Y así, fundiendo antiguas distancias charlaron con la nocturna plateada y el inmenso astro dorado.
Ella, recostó sus labios sobre el, estimulando cada rincón de su ser, delineó a fuego muslos, musgos, hasta llegar a su fiebre.
creó estragos.
desató fragores.
Y demorándose, comenzó una nueva ascensión a un torso casi invertebrado.
El, organizó un camino de bersos, pájaros y vesos sellando sin principio, sin palabras, ni final el nuevo amor.
Sorbió su nombre.
Y sediento, descubrió dos vertientes rebasando néctar, de sus senos.
Vastas y lujuriosas, sus manos especularon, recorriéndose completos caderas, hombros esculpieron detalles para morir en sus pulpas de vino, y en la profundidad más inmensa donde él, intentaba retrasar su virilespermidad.
Dócil y raudos primero; fueron marcando el compás; raudos y dócil, después, tomaron tono.
Y cabalgando al unísono electroerógeno, dejaron caer sus párpados gentiles, para anidar en un pleorgasmo donde constituyeron, y mancillaron, en realidad aquella máxima.
Fue un encuentro sin pausas.
La noche sin pacto,
Y la palabra exacta..
Allí donde recuperaron cada vieja deuda, Intentando inventar… el destino del instante, A costas de aquel viejo amor.
“Detén el tiempo en tus manos Haz esta noche perpetua Para que nunca se vaya de mi Para que nunca amanezca.” El reloj. Cantoral
Quizá Por ser mi primer acto En este mundo, llanto o grito Soy un misterio heterogéneo, errante y sucinto.
Pensador, inventor de infernales maquinarias, insatisfecho, impotente dando vida… y a la vez causando muerte.
Un punto insuficiente, intentado adicionarse. Soy la unidad desafiando pero nunca indiferente.
Dicen que soy… Naturaleza y efecto, Destructor de recursos ¡Pero me llaman inteligente! Soy la peor ecuación, entre lo bueno y lo malo Por el hecho de ser un ser humano.
¡Sépanlo! Soy causa y consecuencia que trabaja y trabaja con nuevos valores convicción y fundamentos. Y unas manos calientes eco de lágrimas enfriadas ¡soy memoria y nuevos sueños! Que se levantan… y andan.
Responsable de lo incierto Resultado de otros hombres, Porque soy sangre latiendo Que no descansa en el tiempo. Y aunque pueda ser extraño, Y perezca en el intento Y yo siga llamándome grito, Llanto o sangre latiendo. No soltaré a mis hermanos No me quedaré pudriendo Solo por el hecho de ser… Un ser humano imperfecto.
Me repito. Como se repite la vida, las estaciones. Como la muerte se repite, y tras la partida, la ira.
Me repito sin buscarlo; como el olvido, Sin quererlo… Como horas duplicadas, me repito como el alba, las flores… Te repito en mi memoria, como hirviendo entre palabras.
Y me busco en el espejo, repetida de nostalgia, y entre sabanas quebradas donde refreno las ganas.
Me desgajo en la calma bajo un rumor escondido y en esta pasión confiscada, Pendiendo siempre de tus hilos Me repito…